Alfa Capacitación Comunicación y Postura Corporal

Cómo Influye la Postura Corporal en nuestra Comunicación

Tu cuerpo también habla por ti.

Dentro de la Comunicación y la Oratoria, mucho se habla de aquella que es generada a través de nuestro cuerpo.

Los gestos, ademanes, posturas e incluso el tono de nuestra voz forman parte de lo que los comunicólogos denominan Comunicación no Verbal.

Según los expertos, ésta llega a representar más del 80% del mensaje que trasmitimos.
Cuando estamos tristes, aunque digamos que nos encontramos bien, nuestros cuerpos nos traicionan expresando lo contrario.

Es un hecho, las emociones influyen en nuestra comunicación y postura corporal.

Ahora bien, ¿puede suceder eso de manera inversa?
Es decir, ¿es posible que en vez de que tus emociones influyan en tu corporalidad, sean tus movimientos y posturas lo que modifiquen tus emociones y comportamientos?
Después de todo, son parte de la Comunicación.

La Ciencia Detrás


Amy Cuddy, psicóloga e investigadora de la Universidad de Princeton, realizó una serie de estudios encontrando que los seres humanos adoptan posturas de expansión al percibirse importantes.

Alguien que se siente poderoso camina siempre erguido y expande muchos los brazos.
La postura habitual que toma un atleta al ganar una competencia es el de mantener los brazos levantados al cielo.

Sucede incluso con personas invidentes a pesar de nunca haber visto cómo se celebra un triunfo. Incluso en el reino animal los gorilas sacan el pecho y las cobras expanden su caperuza como una muestra de dominio.

Por el contario, cuando una persona se siente insegura, triste o deprimida, la postura que adopta es de encogimiento; se encorva, baja la cabeza y se abriga con sus brazos. En pocas palabras se empequeñece.

Cuddy encontró también que existen dos hormonas que juegan un papel preponderante dentro de esa dinámica emocional:

1) La testosterona: conocida como la hormona de la dominación.
2) El cortisol: identificada como la hormona del estrés.

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Cuando una persona se siente poderosa mantiene un alto nivel de testosterona y un bajo nivel de cortisol. En cambio cuando esa persona es sometida a una situación que le provoca inseguridad, su nivel de testosterona disminuye y el de cortisol se eleva.

Tomando en cuenta los datos anteriormente expuestos, Cuddy realizó un experimento donde buscó comprobar si el acto volitivo de tomar posturas de expansión o encogimiento era capaz de influir en nuestras emociones y desempeño.

Para ello invitó a diferentes voluntarios -mismos que ignoraban el objetivo de la prueba- y les tomó una muestra inicial de saliva.
Posteriormente los dividió en dos grupos, al primero se le solicitó que por dos minutos tomaran una postura de expansión, por ejemplo colocar sus manos en la cadera, detrás de la nuca o totalmente alejadas del torso, con la espalda erguida y el pecho expandido.
Al segundo grupo se le pidió que tomaran por el mismo lapso de tiempo una posición de encogimiento, encorvándose y abrazándose, sentados en una silla.

Pasados los dos minutos se les invitó a participar en un juego de apuestas. Al final se les volvió a tomar una muestra de saliva.

Los resultados fueron los siguientes:

Dentro del juego, aquellos que habían tomado una postura de expansión, vamos a llamarlos los “poderosos”, se arriesgaron a apostar en un 86%, mientras que los que habían mantenido una postura de encogimiento, a los que llamaremos los “débiles”, se arriesgaron sólo el 60%.

De acuerdo a las muestras de saliva se encontró que los poderosos experimentaron un aumento del 20% de testosterona en su cuerpo, mientras que los débiles una disminución del 10%.

En cuanto al cortisol, el resultado fue una disminución del 25% en los poderosos y un aumento del 15% en los débiles.

DOS MINUTOS en una posición fueron capaces y suficientes para provocar esos cambios hormonales que, desde su cerebro, los hicieron sentir más positivos y seguros en un caso pero más tímidos y ansiosos en el otro.
Con ello comprobó que los movimientos corporales, específicamente nuestras posturas, son capaces de cambiar nuestro estado de ánimo y la forma de afrontar diferentes situaciones.

Posteriormente, este experimento se trasladó a un situación real, específicamente a una entrevista de trabajo.

A los participantes se les solicitó tomar posiciones de expansión o encogimiento durante dos minutos antes de someterlos a una entrevista de trabajo, misma que fue grabada.
El entrevistador había sido entrenado para mantener el mismo estándar de comportamiento con todos.

Los videos fueron mostrados a 4 analistas que desconocían el objetivo del experimento y luego de observarlos, mostraron mayor interés en contratar precisamente a aquellos que habían mantenido una postura de expansión antes de la entrevista.
No era tanto el contenido de lo que decían los entrevistados lo que les había llamado la atención, sino su presencia y forma de desenvolverse.

El Aprendizaje


Estos experimentos nos dan un sencillo pero poderoso consejo al momento de enfrentar situaciones donde necesitemos un buen desempeño, especialmente en nuestra empresa o lugar de trabajo.

Basta meternos al baño o encerrarnos en una oficina, adoptar durante dos minutos una postura de expansión y salir a enfrentarnos a esa situación con la seguridad de que nuestro cuerpo se encontrará preparado para dar lo mejor de nosotros.

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